22.02.2025
Cada 22 de febrero, la conmemoración del Día de la Antártida Argentina recuerda aquel histórico izamiento de la bandera en la Isla Laurie en 1904, marcando el inicio de una presencia ininterrumpida que se ha sostenido a lo largo de los años como un vínculo indeleble entre los argentinos y la identidad bicontinental del país. Sin embargo, la soberanía no se declama, se ejerce. Para Argentina, esto significa sostener una presencia efectiva y reforzar su infraestructura en un territorio codiciado por el mundo.
Hoy, la Antártida está adquiriendo una importancia geopolítica sin precedentes. ¿Cómo puede Argentina transformar su histórica presencia en una estrategia efectiva para el futuro? ¿De qué manera la inversión en infraestructura y logística puede fortalecer nuestra soberanía en el continente? ¿Es Tierra del Fuego la clave para consolidar el país como el principal hub logístico antártico de la región? En este contexto, conversamos con Juan Rattenbach (ARG), abogado y magíster en economía aplicada, especializado en historia económica, política exterior argentina y Malvinas, sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta el país en su proyección antártica y el rol estratégico de Tierra del Fuego como eje logístico clave.

¿Qué representa hoy la Antártida dentro de nuestra proyección geopolítica y qué desafíos enfrenta Argentina en este contexto?
La Antártida es lo que convierte a Argentina en una nación bicontinental y representa un eslabón fundamental en su estrategia geopolítica del siglo XXI. Es la mayor reserva de agua dulce del planeta y está estrechamente vinculada con el Atlántico Sur, una de las fuentes de proteína animal más relevantes del mundo. El principal desafío de Argentina es mantener su liderazgo como el país con mayor cantidad de bases permanentes y presencia ininterrumpida en la región.
Para ello, es fundamental que la Antártida se consolide como una política de Estado, con un compromiso firme de todos los sectores políticos y económicos, asegurando su continuidad más allá de las coyunturas gubernamentales. A nivel internacional, la región ha cobrado un protagonismo creciente debido al interés global por sus recursos naturales y su potencial científico. Con cada vez más naciones buscando afianzar su presencia, Argentina enfrenta el reto de sostener su posición y reforzar su infraestructura para seguir siendo una referencia mundial en la cuestión antártica.
Tierra del Fuego ha sido históricamente un nodo clave en la integración entre el continente y el Atlántico Sur. ¿Cómo debería posicionarse la provincia para consolidar su rol como centro logístico antártico y qué oportunidades económicas podrían generarse a partir de esto?
Es fundamental reafirmar que tanto el Atlántico Sur como la Antártida forman parte de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. En este contexto, mientras la ocupación británica en Malvinas sigue siendo un obstáculo geopolítico, la regulación del Tratado Antártico define el marco de nuestra presencia en la región. La Isla Grande de Tierra del Fuego, con sus principales ciudades, Río Grande y Ushuaia, representa el punto de contacto más cercano con la Antártida y el turismo antártico.
Para consolidar su papel como centro logístico antártico, es clave avanzar en proyectos estratégicos. La finalización de las obras de la Base Naval Integrada en Ushuaia y el desarrollo de la Base Petrel son pasos importantes, pero también se debe impulsar el proyecto de un puerto multimodal en Río Grande. No solo Ushuaia, sino toda la Isla Grande de Tierra del Fuego puede desempeñar un papel fundamental en la logística antártica, no solo para el turismo, sino también para la actividad científica.
Muchos de los buques científicos que operan en la Antártida requieren puntos de escala y aprovisionamiento, y Tierra del Fuego puede consolidarse como ese nodo clave. Además, existe un gran potencial para proveer servicios logísticos e insumos, incluyendo alimentos frescos, no solo para las bases argentinas, sino también para las de otros países. Esto representaría una oportunidad económica significativa, posicionando a la provincia como un socio estratégico en la logística antártica global y fortaleciendo la soberanía argentina en la región.
¿Cómo ves el futuro de las bases argentinas en la Antártida y qué se está haciendo a nivel financiamiento de la política antártica nacional?
El mayor desafío interno es consolidar la Antártida como una política de Estado a largo plazo, similar a lo que ocurre con el reclamo de soberanía sobre Malvinas. En este sentido, un hito reciente ha sido la reinauguración de la Base Petrel, una base histórica que había quedado reducida a operatividad estacional tras un incidente en los años 70. Recientemente, se realizaron las obras necesarias para que vuelva a funcionar durante todo el año, además de la inauguración de una pista de aterrizaje que complementa la ruta clásica de acceso a la base Marambio, sumando una conexión con Río Grande. También está en marcha el proyecto para la construcción de un muelle que permitirá el acceso marítimo, fortaleciendo aún más la infraestructura logística argentina en la Antártida.
En los últimos años, se ha comenzado a ejecutar el Fondo de la Defensa Nacional (FONDEF), aprobado por el Congreso, como una herramienta clave para financiar el desarrollo de nuestras bases. Sin embargo, existen debates sobre la eficacia y la velocidad con la que estos fondos están siendo utilizados. La falta de ejecución en tiempo y forma podría afectar no solo las misiones científicas en la Antártida, sino también el avance en infraestructura estratégica. Por eso, es fundamental garantizar la continuidad de estos proyectos más allá de la coyuntura económica actual, asegurando que la presencia argentina en la región no se debilite y que el país continúe siendo un actor clave en el desarrollo logístico antártico.
Chile ha avanzado con sus proyectos de turismo antártico. ¿Argentina va en el mismo camino? ¿Cuáles son las proyecciones a futuro en términos de presencia y actividades científicas y logísticas? ¿Nuevas actividades podrían fortalecer la presencia argentina?
Chile ha avanzado significativamente en el desarrollo del turismo antártico, combinando rutas marítimas y aéreas. Argentina, en cambio, avanza a un ritmo más lento, aunque en una dirección clara. Cabe recordar que Argentina fue pionera en el turismo antártico, con sus primeras expediciones en 1958. Sin embargo, el conflicto de 1982 y el desmantelamiento de la empresa estatal ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas) en los años 90 impactaron en la industria, dejando el sector en manos extranjeras.
Hoy, Ushuaia es el principal punto de partida de cruceros hacia la Antártida, pero la mayoría de las empresas que operan no son de capitales argentinos. Para fortalecer su presencia, Argentina debería fomentar el desarrollo de empresas nacionales dedicadas al turismo antártico y consolidar su infraestructura. La construcción de la base naval integrada en Ushuaia, un proyecto impulsado por el Ministerio de Defensa en colaboración con el astillero Tandanor, representa una oportunidad estratégica no solo para la logística antártica, sino también para potenciar el turismo.
En el mediano plazo, Argentina podría complementar el turismo marítimo con rutas aéreas, como ya lo hace Chile. Esto permitiría ampliar las posibilidades de acceso a la Antártida con empresas nacionales, asegurando que el desarrollo turístico también sea una herramienta de soberanía.
¿Qué incentivos podrían potenciar nuestra presencia en la Antártida?
Tal como está planteada la Ley 19.640 y sus normas complementarias, incluida la prórroga del régimen firmada en 2021 y la creación del fondo para la ampliación de la matriz productiva, ya existe el andamiaje jurídico necesario para otorgar incentivos fiscales y económicos destinados a proyectos vinculados con la Antártida. Estos incentivos también pueden contribuir al desarrollo económico de Tierra del Fuego en su conjunto.
Más que la creación de nueva normativa, el desafío radica en asegurar la correcta ejecución de estos beneficios y en garantizar que los proyectos diseñados realmente se materialicen en inversiones productivas y científicas concretas. La clave está en un seguimiento más preciso de cómo se implementan y administran estos recursos, asegurando que cumplan con su objetivo estratégico de consolidar la presencia argentina en la Antártida y fortalecer el desarrollo económico de la provincia.
La reciente asunción de Trump ¿podría implicar un reacomodamiento del mapa geopolítico mundial respecto al Atlántico Sur? ¿Qué postura debería tomar Argentina al respecto?
Lo que estamos viendo es una disputa no declarada entre Argentina y Chile por un lado, y el Reino Unido en Malvinas por otro, en torno a quién controlará la logística antártica. ¿Será Punta Arenas en Chile? ¿Será el eje Ushuaia-Río Grande en la Isla Grande de Tierra del Fuego? ¿O será Malvinas, bajo ocupación británica?
Argentina debe avanzar en sus obras de infraestructura para consolidar su posición en Tierra del Fuego y no permitir que el Reino Unido se convierta en el centro logístico antártico, ya que esto profundizaría su control colonial en nuestras islas y en el Atlántico Sur. Actualmente, existe un proyecto británico para mejorar la infraestructura portuaria en Malvinas, pero ha sido suspendido, lo que representa una oportunidad para que Argentina refuerce su desarrollo logístico en la región y gane ventaja en la competencia por la referencia antártica.
¿Qué análisis podes hacer de la política exterior y la causa Malvinas en el contexto actual argentino?
En términos estratégicos de política exterior, Argentina no podrá avanzar en la recuperación del ejercicio pleno de soberanía sobre Malvinas si no hay una coordinación regional a escala continental. Un error de la política exterior argentina ha sido la falta de una estrategia de largo plazo que garantice la continuidad de los reclamos soberanos más allá de los cambios de gobierno. Para ello, es fundamental priorizar el fortalecimiento de las relaciones con nuestros vecinos, especialmente Brasil y los demás países de la región, asegurando que el vínculo con Chile evolucione en favor de los intereses argentinos, evitando alianzas que puedan perjudicar nuestra posición, como la cooperación entre Chile y el Reino Unido en defensa y asuntos antárticos.
Además, una política exterior bien articulada debe complementarse con medidas concretas en materia de defensa y desarrollo económico. Tierra del Fuego es clave en esta ecuación, ya que su infraestructura y capacidad logística son determinantes en la proyección argentina hacia el Atlántico Sur y la Antártida. Avanzar con la ejecución del fondo de ampliación de la matriz productiva y diversificar la economía de la provincia son acciones fundamentales para que el crecimiento esté vinculado directamente con la soberanía nacional. La articulación público-privada, con inversiones en infraestructura como la base naval integrada en Ushuaia y su vínculo con el astillero Tandanor, es esencial para consolidar la presencia argentina en la región.
El desarrollo económico debe ir acompañado de un fortalecimiento en el ámbito educativo y cultural. El turismo no solo es una fuente de divisas, sino una herramienta clave para difundir la historia y la identidad argentina en el Atlántico Sur. Ushuaia, como principal ciudad turística de la región, tiene un rol fundamental en la divulgación de la historia argentina y en la transmisión de una cultura malvinera a turistas extranjeros. Finalmente, la capacitación en soberanía es crucial para el diseño y ejecución de políticas públicas. Aunque algunas ciudades han avanzado en la capacitación de funcionarios en la cuestión Malvinas, a nivel nacional todavía no se ha implementado de manera sistemática. Este tipo de formación es una herramienta clave para garantizar que las futuras decisiones políticas y diplomáticas se enmarquen dentro de una estrategia sólida y sostenida en el tiempo.

